Dulce otoño

Es el último rayo de esperanza antes del invierno. La última gran clásica – con permiso de la París-Tours – y el único monumento que se disputa mientras las hojas se caen. Son las últimas pedaladas a las que aferrarse, los últimos movimientos tácticos y las últimas estrategias para conseguir arreglar o mejorar una temporada que se marchita. En definitiva, es el epílogo del ciclismo profesional que tanto echaremos de menos durante el invierno. Por eso nos gusta tanto Lombardía. También, porque pocas veces defrauda.

Podium (Lombardia)
El pódium de Lombardía – ©Il Lombardía

Los alrededores del maravilloso Lago di Como estaban llenos de outsiders, pero solo se atisbaba un gran favorito: Vicenzo Nibali. El tiburón volvía al monumento de casa dos años después y con una sensación totalmente opuesta. En 2015 llegaba tras una temporada bastante discreta, sin grandes resultados en grandes vueltas y con la vergüenza presente tras su expulsión de la Vuelta por agarrarse en un coche. Este había sido un año digno del canto de cisne: pódium en Giro, pódium en la Vuelta y líder supremo del Bahrein Mérida a sus 32 años. Algo así como su particular veroño, una racha triunfal tardía que redondeó a lo grande con su segundo monumento.

Todos esperaban a Vicenzo Nibali, pero nadie lo pudo parar. La imagen de Pinot desesperado ante la remontada del tiburón de Messina representó a la perfección la frustración de sus rivales. Todos sabían que Nibali atacaría en Civiglio y todos sabían que si le dejaban coger tiempo en la bajada cavarían su propia tumba. Dicho y hecho. Diez segundos en la cima y una diferencia insalvable mientras volaba hasta el centro de Como. Por detrás quedaron las migajas, repartidas entre Julian Alaphilippe y Gianni Moscon, dos jóvenes con ansias de monumento. Un monumento que para ellos todavía tendrá que esperar.

Nibali
El ataque definitivo de NIbali en Civiglio – ©Il Lombardía

El escalofrío de una tarde preciosa en Como lo provocó el pobre Laurens De Plus. El belga sufrió una de las caídas más feas de la temporada, pero por fortuna – y a pesar de las múltiples fracturas – todo se quedó en un susto. Tampoco fue una buena jornada para los ciclistas españoles, con Mikel Nieve salvando los muebles y dando otra lección de profesionalidad en su última carrera con el equipo Sky. Ni siquiera para los colombianos, a los que parece que este año se les ha marchitado un tanto su primavera. El frenazo en seco de Quintana hará que el líder del Movistar tenga que buscar sus brotes verdes en la próxima temporada, ya que un top10 en Lombardía – tampoco es su terreno – no puede arreglar el roto de los últimos tiempos.

Se marchitó Lombardía y de repente llegó el invierno. Un invierno todavía cálido, ocupado por un otoño que no quiere serlo y que se resiste a sacar de golpe el verano de nuestras vidas. El maldito veroño para algunos, el dulce otoño para un Vicenzo Nibali que finalizó a lo grande su temporada y que se resiste a dejar paso a los jóvenes retoños que todavía tendrán que seguir aprendiendo y esperando para poder florecer a lo grande algún día.

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