Esquivar a la mala suerte

El periodismo deportivo suele dejarse llevar demasiado por sus recursos. Uno de los habituales y conocidos es el de las frases hechas. Recuerdo que durante la carrera uno de mis profesores se jactaba de haber pasado por una redacción de deportes y realizar alguna de sus crónicas utilizando solo este tipo de recurso. A un servidor – que atendía lo que atendía en clase – le gustan, sobre todo cuando sirven para explicar de forma sencilla ciertos hechos que no son demasiado normales. Por eso, hoy muchas crónicas de la vuelta – esta la primera – recurrirán a explicar la jornada de Antequera hablando de la “suerte del campeón“.

Esa que ha ido de la mano de Chris Froome en todas sus victorias en el Tour. Ganar una grande nunca es sencillo, necesitas piernas y equipo, también una táctica acertada y algo de fortuna para evitar esos percances que cualquier día te pueden eliminar de la lucha por la victoria final. El idilio de Froome con el amarillo siempre ha estado presente, a excepción de su caída en los adoquines en 2014 sobre los que empezó a volar hacia su victoria final Vicenzo Nibali. El resto de ediciones las circunstancias de carrera han beneficiado al británico, incluyendo ese incidente de la moto que lo hizo convertirse en runner por un día en el Mont Ventoux hace algo más de un año.

La Vanguardia

Sin embargo, en la Vuelta a Froome siempre le han crecido los enanos. Le pasó en Andorra, en 2015, cuando volaba vestido de rojo hacia una victoria que se dejó chocando contra un muro. También el año pasado, cuando tenía a Quintana a tiro de contrarreloj y se perdió en la emboscada decisiva en Formigal. Ese día abrió el fuego Alberto Contador, el mismo que ha vuelto a iniciar las hostilidades camino a los Dólmenes de Antequera. Contador ha sido tan valiente como alocado en su movimiento – había mucho terreno llano hasta meta – pero las circunstancias de carrera, su ambición y la mala suerte del líder le acercan en cierta medida a la lucha por el pódium. La victoria final ya es otra cosa.

Lo es porque Froome, sin suerte pero con equipo, ha salvado sus dos caídas con nota. Apoyado en sus compañeros – brutales Moscon y Nieve un día más – y con relevos de categoría en el llano ha minimizado su pérdida en el peor día a solo 42 segundos en una general que sigue dominando. Una clasificación en la que se volverá más poderoso tras la contrarreloj y en la que siempre ha ganado tiempo en las etapas de montaña: ya sean cortas y con calor (Cumbres del Sol) o ya sean de fondo y con lluvia (la durísima jornada de Calar Alto).

Marcynski - RTVE
Marcynski ya suma dos victorias en esta Vuelta, al nivel de Matteo Trentin – @RTVE

Mientras tanto la Vuelta sigue con su plan perfecto de llegar con todo en juego al Angliru. Quizás, lo de la victoria sea complicado por aquello de que Chris Froome tras la crono jugará en otra liga, pero está claro que el pódium se va a pelear hasta el mítico coloso asturiano. Y sobre todo la Vuelta nos sigue teniendo a todos pegados al televisor: por Froome, por Contador, por Nibali o por las fugas de nivel como la de hoy que sirve para que Marcynski siga aumentando su contrato de cara al año que viene. En definitiva, la Vuelta – con todos sus peros – se está convirtiendo en una grande que siempre garantiza algo necesario en el ciclismo: espectáculo.

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