Retazos

Han pasado pocas horas desde el anuncio y todavía no nos hemos hecho una composición de lo que ha pasado. En menos de un mes Alberto Contador pasará a ser historia del ciclismo de élite y si algo tenemos claro es que vamos a tardar mucho tiempo en olvidarlo. Siete grandes vueltas, un carácter indomable y una trayectoria cargada de luces y sombras. Su personalidad lo ha marcado todo, dejando en la cuneta admiradores y detractores prácticamente a partes iguales. Es por eso que un servidor todavía no sabe muy bien como iniciar y acabar una crónica de una retirada ya anunciada.

Probablemente Alberto Contador sea el ciclista que ha marcado mi juventud. Tengo muy claro que es el que más he visto en la tele y escuchado en la radio. También, el primer gran campeón que recordaré – con consciencia y no con recuerdos vagos – desde sus inicios hasta su retirada. Por supuesto, el que más veces he entrevistado o al que más veces he puesto la alcachofa en una línea de meta. Ese es Alberto Contador, un hombre con una carrera muy difícil de resumir. Quizás por eso, esta no va a ser más que una crónica cargada de retazos. A fin de cuentas esos que nunca podrás olvidar.

25 de julio de 2007. Col d’Aubisque. Fervor.

La Informacion - Col de Aubisque
El duelo entre Contador y Rasmussen en el Aubisque es uno de los más recordados del Tour 2007 – ©La Información

Pocos viajes tengo tan grabados en mi retina como mi primera incursión en el Tour de Francia. Fueron diez horas de coche, una noche mal dormida en una tienda de campaña entre gritos de holandeses borrachos y una bandera gallega colgada en un árbol para saludar a Óscar Pereiro. Teníamos dieciséis años, queríamos comernos el mundo y ver a Alberto Contador ganar su primer Tour de Francia delante de nuestras narices.

“¡Vamos Contador, a comerse al pollo”. Ese era el lema de una pancarta situada a dos kilómetros de la cima del Col d’Aubisque y también el de los miles de aficionados españoles que abarrotaban las laderas de los Pirineos en una jornada de ciclismo preciosa. No fue el día del de Pinto, que atacó sin fuerzas para ver como Michael Rasmussen sentenciaba la carrera.

Horas después en un área de servicio de Verín nos enteramos de la expulsión de Rasmussen del Tour y del liderato virtual de Contador. Por el medio solo habían pasado otras ocho horas de coche, un chuletón (qué casualidad) en el País Vasco y una siesta tan profunda como incómoda en el asiento trasero del coche.

23 de julio de 2009. Annecy. Admiración.

cadena ser

Era una tarde muy calurosa en mi pueblo. De hecho, toda España estaba en alerta por altas temperaturas mientras los incendios forestales no daban tregua. Los periódicos hablaban de pasada de Luis Bárcenas y Granero era presentado como fichaje estrella del Real Madrid. Sin embargo, yo solo recuerdo el calor y la belleza del lago de Annecy. Ese donde Alberto Contador se exhibía en el Tour de Francia.

Fue en una contrarreloj de 40 kilómetros muy dura, con un puerto que daba opciones a los corredores de la general por delante de especialistas como Fabian Cancellara, Bradley Wiggins o el propio Lance Armstrong con el que Contador compartía hotel. También maillot, porque hablar de equipo quizás es aventurarnos demasiado.

El de Pinto firmó una subida de libro, suficiente para sentenciar la general, pero no se conformó con ello arriesgando en la bajada para superar al mejor Fabian Cancellara por solo tres segundos. Fue una de las mayores exhibiciones de Contador en el Tour de Francia, que después todavía tendría tiempo para ayudar a Lance Armstrong a subirse al pódium. Alberto Contador ya sumaba dos Tours, una Vuelta y un Giro; en un palmarés forjado en tres años fantásticos. Una historia bella, cristalina, como el reflejo de las aguas del lago de Annecy en esa calurosa tarde del mes de julio.

29 de septiembre de 2010. Pinto. El día del famoso chuletón.

Contador - Tertulia Deportiva
La famosa rueda de prensa del chuletón – ©Tertulia Deportiva

En la Universidad de Santiago de Compostela los profesores seguían aburriendo a las cabras. Estaba convocada una huelga general y ese día – entre apunte y clase – tocaba maquinar como conseguir el teléfono de Ezequiel Mosquera para que nos concediera una entrevista en ese programa de radio casero que íbamos a empezar dentro de dos semanas.

Hablando de radios, fueron ellas las primeras que informaron de una rueda de prensa de Alberto Contador en Pinto, en las que el mensaje fue de todo menos claro. Se habló de un positivo con cautela, algo así como un error por un supuesto chuletón contaminado con clembuterol. Comenzaría entonces una defensa a ultranza por parte de las instituciones de Alberto Contador y también una batalla judicial que le permitió correr al año siguiente en Italia y ganar otro Giro de Italia. Ni ese Giro, ni el Tour cuentan hoy en día en su palmarés. Fue un año después cuando el TAS no se creyó la tesis de la contaminación alimentaria y Contador se quedó fuera de juego otro año más. Fue un día cargado de desilusión, de sueños rotos para un mundo siempre muy frágil como el de la bicicleta.

El golpe fue muy duro para el ciclismo español. Y se acentuó todavía más con la caída de Ezequiel Mosquera y todo su equipo, ese Xacobeo que tanto nos había divertido en la Vuelta. Nuestro programa de radio salió adelante, pero nunca pudimos entrevistar a Mosquera. Casualidades de la vida, lo conseguimos dos años después en un periódico universitario que acababa de emprender el vuelo. Sin embargo, a mí me tocó ser suplente porque estaba en casa peleando contra unas paperas. Espinas que se le quedan a uno clavadas.

 5 de septiembre de 2012. Fuente Dé y el mito.

Contador Fuente Dé
Fuente Dé. Un mito para La Vuelta y Alberto Contador – ©José Manuel Vidal (EFE)

La Vuelta estaba finiquitada. Recuerdo que esa era la frase más repetida durante una jornada de descanso sorprendentemente tranquila en Cantabria. Llegaba tras dos semanas de exhibición del Purito Rodríguez, en un recorrido que le sentaba como anillo al dedo y con unas piernas que respondían con facilidad a todos los ataques. Lo más duro ya había pasado y nada podía suceder en el corazón de los Picos de Europa. Un lugar para tomar aire, un paraíso para reposar pensando en el final de la Vuelta a España.

Hasta que apareció el genio, el Contador más valiente, el que nos retrotrae a otros tiempos. Ese corredor enamorado del deporte más maravilloso del mundo: el ciclismo. Nadie se esperaba un ataque así, de hecho ni siquiera hay imágenes de televisión de una de las arrancadas más recordadas de los últimos años. Todos llegamos tarde, todos estábamos a otra cosa, sobre todo el Purito Rodríguez.

Recuerdo frotarme los ojos varias veces delante de la televisión ese día. La carrera fue muy cruel con Purito, al que Alejandro Valverde arrancó en la subida final para dejarlo solo en medio de la nada. La gloria estaba delante, en una victoria que celebró con más rabia que nunca Alberto Contador. El rey había vuelto. 

Pocos días nos ha dejado así el ciclismo en los últimos años. Y creo que nadie lo ha contado mejor que Eduardo Rodrigálvarez en una crónica para enmarcar en el diario El País.

5 de septiembre de 2016. La locura de Formigal.

Formigal - Luis Ángel Gómez.jpg
La última gran emboscada de Alberto Contador camino a Formigal – ©Luis Ángel Gómez

Fue un auténtico día de locos. Pasamos por la salida y vimos a todos los Tinkoff alineados haciendo rodillo. Sonaban tambores de guerra en el Valle de Tena, pero nadie podía esperar que la batalla se desencadenara tan pronto, en un maldito repecho en el kilómetro cinco de etapa. Recuerdo que subimos tranquilos en el coche hacia meta, remolcando a unas señoras para que pudieran ver la carrera desde un lugar privilegiado. Ya en lo alto de Formigal, mientras nos ubicábamos, fuimos conscientes de lo que estaba pasando: Alberto Contador lo había vuelto a hacer.

Todos sabíamos que el corredor madrileño no estaba para ganar esa Vuelta, pero también teníamos la sensación de que sí que podía cambiarla. Nairo Quintana fue el más listo de la clase y Chris Froome – que siempre ha dicho que teme a los ataques del de Pinto – se dejó esa ronda española por falta piernas o picardía. Por suerte para la Vuelta, y en gran medida gracias a ese movimiento, Froome volverá a por todas dentro de unos días.

Tengo muchos recuerdos de Formigal: la inmensidad de las montañas, lo larga que se hizo una subida donde todo lo que se podía comentar por la radio eran las diferencias de un GPS y también las conversaciones en privado con los compañeros con los que estaba compartiendo antena. Todos sabíamos que estábamos contando el día más importante de esa Vuelta y vivirlo al lado de ellos es uno de los mejores recuerdos que tengo como profesional. Un retazo como este merece ser compartido en un audio que podéis escuchar aquí o en  Ivoox.

 

Esto no son más que cinco retazos, algo así como pequeñas piezas de un puzzle global que cada uno recompone en su cabeza gracias a sus recuerdos. Seguro que todavía nos queda por guardar alguno más en la retina durante la próxima Vuelta a España, pero lo que tengo claro es que – gracias a sus ataques, a sus declaraciones o a sus luces y sombras – los aficionados ciclistas vamos a echar mucho de menos a Alberto Contador.

2 comentarios sobre “Retazos

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