Mucho miedo y pocas fuerzas

Los mitos forjan su leyenda a fuego lento. Lo hacen gracias a la épica, las gestas y esos días que se quedan grabados para siempre en la retina. Por eso, cualquier aficionado ciclista esboza una sonrisa cuando menciona a colosos alpinos como el Galibier o el Izoard. Puertos que recuerdan a otros tiempos, pero que en esta ocasión no han servido para dejar resuelto el Tour más igualado de los últimos años. El Tour a cuatro bandas se ha quedado en tres – con permiso de Landa – ya que Fabio Aru ha llegado fundido a las dos etapas de fondo de esta edición. El sueño húmedo de los organizadores del Tour se ha cumplido: la carrera se decidirá a los pies del estadio Vélodrome, en la crono final de Marsella.

Era un día marcado en rojo en el calendario por el AG2R y el equipo francés volvió a responder a la perfección. No son los más fuertes, pero han sido la única alternativa a la dictadura del Sky durante estas tres semanas. Los compañeros de Bardet respondieron a la perfección, pero el jefe de filas no pudo dejar de rueda a Froome y Urán para llegar destacado a la Casse désert, algo con lo que seguro que habían soñado los aficionados franceses esta noche. El bueno de Bardet se tuvo que conformar con las bonificaciones, un pequeño botín que le sirve para salir con referencias con respecto a Urán el próximo sábado.

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Froome celebra su maillot amarillo en la cima del Izoard – ©Le Tour

El otro equipo que tenía ganas de clarificar la carrera era el Sky. Lo hizo con una subida al Izoard que tuvo espacio para todos, algo que ya había dejado claro Mikel Landa en el día de ayer. Por eso, el alavés se fue por delante buscando el pódium y Froome intentó rematar a sus rivales con quizás su mejor ataque en este Tour, aunque tuviera la misma efectividad nula que el resto.El británico tendrá que rematar el Tour en la crono, la especialidad que en principio le va a dar la victoria en estas tres semanas. De hecho, Froome simplemente es líder a estas alturas de carrera gracias a su actuación en el prólogo. Es su Grande Boucle menos dominadora, esa en la que afrontará por primera vez la última crono con nervios y con miedo a un contratiempo. Solo eso – o una actuación brutal de Urán – podría apartar al británico de su cuarto maillot amarillo.

En medio del miedo y la igualdad volvió a triunfar Warren Barguil. El francés ha hecho un Tour fantástico y lo ha culminado con una victoria vestido de lunares en un lugar mítico. El bus del Sunweb será un día más el más feliz del pelotón ciclista. Es brutal lo que han hecho en este Tour: cuatro etapas y dos maillots – el verde y el de lunares – en París. Todo con un equipo limitado y que lleva una temporada maravillosa coronada por el rosa de Dumoulin en Milán.

Barguil - mattwes

El Sunweb producirá envidia en muchos equipos. Aquí, en España, lo que produce un poco de envidia sana es ver lo que han conseguido los franceses en este Tour de Francia. Suman cinco etapas y tendrán – si Bardet no falla – a dos franceses en la ceremonia de entrega de premios de los campos Elíseos. Es un Tour para enmarcar, con Bardet luchando por el pódium y sacando músculo con el AG2R, con Barguil en plan estrella con sus dos etapas y los lunares, con Calmejane debutando con victoria parcial en la carrera con la que todos sueñan y con Démare ganando un sprint masivo once años después. La envidia se vuelve menos sana cuando piensas que hablamos de corredores menores de 26 años. Los franceses viven una época dorada y lo hacen gracias al talento, la cantera y la facilidad de oportunidades gracias a todos los equipos que tienen. Esa es la base del éxito, algo que preocupa cuando todo apunta a que acabaremos el Tour sin victorias españolas.

El Tour se toma un respiro mañana en lo que se refiere a la general y prepara su éxtasis final para el sábado en Marsella. Parece una broma macabra del destino, pero el Tour de los cinco macizos se va a decidir en una contrarreloj. Será cosa del recorrido más explosivo, de la falta de fuerzas o de la igualdad de los favoritos en las jornadas decisivas. Lo que está claro es que los organizadores han conseguido recuperar algo que había perdido la carrera en los últimos 5 años: la emoción. Y esa es uno de los pilares básicos de un deporte tan maravilloso como el ciclismo.

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